Nos hablan de que hay que potenciar los pueblos rurales, que tenemos que ponerle freno a la despoblación y luego encontramos que los mismos que dicen eso son los abanderados, consciente o inconscientemente,  de una guerra contra nuestro modo de vida. Que no es otro que la agricultura y ganadería. Ahora parece ser que la agricultura y la ganadería son el problema del cambio climático. Lo que no podemos tolerar es la hipocresía ecológica. Que ONGs multimillonarias como Greenpeace, o ahora la ONU, nos vengan a asegurar que “salvar la Tierra exige poner a dieta al ser humano”.  Es de traca. O escuchar y leer a personajes como Christiana Figueres quien dice que “para frenar el cambio climático tenemos que dejar de comer carne, incluso jamón ibérico”. Una señora que un día fue la secretaría de la ONU para el cambio climático. No hay una relación causa-efecto científicamente probada de todo lo que se dice sobre un tema en el que no hay verdades y sí muchos intereses.

La ONU recomienda un cambio global a una dieta sin carne y sin lácteos recomendando un cambio  hacia una dieta vegana que según ellos es vital para salvar al mundo y para evitar que el impacto de la agricultura crezca sustancialmente. La muerte de nuestra tierra, de nuestro modelo de producción es un objetivo económico que pasa por la corriente de desertización de los territorios. Obedece a unos intereses.

¿Qué pasará con nuestra tierra? Sí se cargan el sector lácteo en nuestra zona nos quedaremos los contados aquí. Lo mismo que pasó con la descarbonización. ¿Qué le ocurrió a los pueblos mineros como Almadén o Peñarroya? ¿Cuánto perdieron? Todas estas declaraciones, a las que hoy no le damos importancia, son las que nos matarán en un futuro. Matarán nuestros pueblos. La que fuera presidenta de Pacma, Silvia Barquero,  que por cierto dimitió por ser acusada de corrupción, instaba hace unos meses a los ganaderos de Los Pedroches a abandonar su oficio  ya que perjudica al bienestar de los animales y a la salud de las personas. Y se queda la señora tan pancha soltando esto.

Esto va en serio. Y nos pilla de lleno a todos. Nuestro modo de vida, el que nos salvó de la crisis económica y de tantos avatares, está en riesgo. No tenemos tampoco a nadie que lo defienda. Esta mañana leía a la ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, que decía “una vez más la comunidad científica internacional lanza un claro mensaje de urgencia: es necesario garantizar, en el corto plazo, un uso sostenible de la tierra. Nuestro país no puede ser ajeno a este ineludible proceso de transformación, dado que somos un país vulnerable al cambio climático y a sus fenómenos asociados”, explicaba la ministra. Pues ese mensaje no favorece en nada a nuestra economía y a nuestros pueblos. Y es un mensaje de lo más difuso.

Leía un comentario que decía que llevamos décadas viendo como los incendios nos están llevando a la desertización. Y sabemos que uno de los principales medios preventivos es la ganadería extensiva. Solo falta que convenzan a la gente para que deje de comer carne, ya casi la tienen convencida para que no vaya a los toros, para que las dehesas queden abandonadas y sean pasto de las llamas y convertidas en zonas desérticas. Si es que todo esto es un despropósito. Una cosa es que no usemos bolsas de plástico, que reciclemos la basura y que usemos transporte público y otra que nos varíen unos hábitos alimentarios milenarios.

Las grandes ciudades, en donde quieren centrar todo están pobladas de gente. Personas que son números que quieren aumentar. Para ello tienen que sacar a la gente de los campos y de las zonas rurales. ¿Se pretende suprimir las granjas para hacer carne artificial? Realmente creen que dejando los campos abandonados combatiremos el cambio climático.

¡Alerta! Como decía Carlos Ruiz “hay  un no rotundo al campo, a lo rural, al uso del animal, a la caza, a la pesca, al arado, a la leche, a los toros. ¿Pero es que no se dan cuenta de lo que está pasando? Sí. Se dan cuenta. Pero nadie hace nada. Nosotros somos de Los Pedroches antes que de un equipo o de un partido u otro. No es cuestión de defender una ideología u otra. Es cuestión de defender lo nuestro. La tierra que nos dejaron nuestros antepasados está en peligro de quedarse sola y abandonada. Es peligroso el inmovilismo en el que hemos caído ante estos temas.

Nos estamos cargando la principal fuente de ingresos de la España rural. Construyendo una España vaciada y asolada. Gana la cultura urbanita. Esa que no sabe lo que es una encina o un animal en producción. La agricultura y la ganadería no son el problema del cambio climático como nos pretende vender. ¿Y las industrias que contaminan montes y ríos? ¿Y los residuos radioactivos de las centrales nucleares?  ¿Y las tabletas y móviles? Podríamos estar describiendo elementos nocivos a los que no les interesa nombrar desde estos organismos.

Un cambio tan drástico en la humanidad promocionado por la ONU que cambia de manera tan radical nuestra forma de vida debería ser más analizado. El daño, que produce todo esto a una zona como la nuestra, es enorme. Nuestro futuro lo están poniendo en riesgo. Al  parecer ahora toca demonizar la carne y de paso hundir a vaqueros, carniceros, ganaderos, agricultores. Si estos se caen, ¿creen ustedes que habrá futuro aquí?

Vienen a por nosotros. Los espacios rurales están condenados a desaparecer. Todo responde a una estrategia. El cántaro está yendo demasiadas veces a la fuente. Se puede quebrar. Cuando se rompa, tendremos que salir todos corriendo. Y esto, al paso que va, no va a tardar. Lo que más duele es que estemos en una zona agraria y ganadera y no defendemos nuestra riqueza que está en nuestra carne, en nuestra leche, en nuestro jamón, en nuestros productos y en nuestra gente. Si se va todo eso, todo quedará vacío. ¿Eso favorecerá al cambio climático?