El periódico digital EL CONFIDENCIAL  publica hoy que Agrovegetal es  la empresa de semillas de cultivos pobres que seduce a los ricos

Una pyme impulsada por cooperativas andaluzas, Pastas Gallo y Covap cumple una función clave: mejorar semillas y rendimientos del trigo. Cultivo que es el contrapeso ante la eclosión del olivo

«Si esta empresa no existiera, habría que inventarla». Es lo que algunos de los socios de Agrovegetal, una pequeña pyme sevillana especializa en desarrollar nuevas variedades de semillas de trigo, señalan cuando se les pregunta por ella. Fundada hace tres décadas, su existencia sigue siendo una carambola y una rara avis al mismo tiempo. Surgió como compensación a España por sus donaciones al centro de investigación Cimit de México, que traslada a Agrovegetal todos sus avances en investigación sobre semillas de trigo. Luego la empresa española las adapta, primero, a las necesidades de sus socios -entre ellos, hoy están Pastas Gallo o recientemente, Covap-; y, segundo, las comercializa a terceros que se acercan a ella interesados en sus avances.

¿Qué atrae a los socios cooperativos presentes desde su fundación, a la empresa de pasta recién adquirida por ProA Capital y a la mayor cooperativa láctea de Andalucía? Ignacio Solís, su consejero delegado desde el nacimiento de Agrovegetal en 1988, lo tiene claro: «A cada socio le hacemos un trabajo a medida, sacamos las variedades que cada uno necesita y, por tanto, registramos solo aquellas que tienen recorrido comercial». Hasta ahora han registrado una treintena de variedades de trigo, que supone el 95% de su negocio. El resto procede del garbanzo, el guisante y las habas. «Lo que nosotros hacemos con las semillas de estos cultivos pobres, que dejan poco margen, en otros países lo hacen entes públicos o semipúblicos», explica Solís.

 

En detalle, los socios cooperativos son seis empresas de este tipo de Sevilla, Cádiz, Córdoba y Huelva, la lonja privada Cocereales, Fundación Caja Rural del Sur, Fercampo, Gallo y Covap. Esta última es una incorporación estratégica, como la define Solís. «Hasta ahora nuestros socios nos pedían trabajar en variedades de trigo de calidad con fin en la alimentación humana. Ahora, Covap nos demanda trigo y triticale, trigo cruzado con centeno, destinado a alimentación animal». Un tipo de producto que se puede cultivar en el entorno de la cooperativa del Valle de los Pedroches y que le ayuda así a hacer más sostenible, mediante el aumento de la compra a proveedores de cercanía, su sistema productivo. También controla mejor los problemas de posibles toxinas ligadas a los piensos que usan sus socios y ganaderos.

 

El buen hacer discreto de Agrovegetal se muestra, por ejemplo, en las dos variedades que han tenido «un éxito máximo»: dos tipos de trigo que representan el 15% de todo el cultivado en Andalucía. «Nuestro objetivo estratégico, cuando nacimos en 1998 por impulso de la Junta de Andalucía y de Cooperativas Agro-Alimentarias, era el de apoyar el giro estratégico en la comunidad hacia el cultivo de trigos duros y blandos de mejor calidad,y que se vendan a mejor precio». El cereal, añade enfatizándolo especialmente, es la gran opción del agricultor en paralelo al olivar. «Es necesario que el cereal vaya bien para que no produzca un trasvase masivo hacia el olivar». Algo aún más acuciante ahora, cuando la alta producción derivada de la plantación de decenas de miles de hectáreas de olivo en los últimos años mantiene los precios bajos.

 

Internacionalizar sin ser proactivo

Todos los socios tienen una participación igual -ligeramente por debajo del 10%)-, pero ¿faltaría algún nombre? Los de Dcoop y Cajamar vienen rápidamente a la mente. «Claro que nos gustaría tenerlos pero cuando se den las condiciones para ello. Con ellos ya estaríamos todos los actores relevantes del sector en Andalucía», asegura Solís. Agrovegetal factura 5 millones y sus objetivos no es obtener un enorme beneficio, desde 2005 está en números negros en cualquier caso. «Todos los consejeros suelen asistir siempre a todos los consejos, esa reunión les da la oportunidad de hablar y comentar avances y experiencias con el resto. Es una muestra del ambiente que se respira aquí», describe Solís.

 

No está en el ánimo de la empresa dar el salto al exterior, sino profundizar en la mejora de las variedades que mejor se adapten a los suelos y necesidades de sus socios. Pese a ello, «nos han venido a buscar y ya tenemos un multiplicador, es decir un productor de semillas que usa nuestras variedades bajo ‘royaltie’, en Beja, en el alentejo portugués. Ahora vamos a añadir otro en el sur de Italia y posiblemente otro en Grecia». Las empresas socias tendrían que pagar a una empresa como Agrovegetal si esta no les desarrollara las semillas, por eso son tan celosas por decirlo de algún modo respecto de que su participada distraiga esfuerzos trabajando en variedades para otras zonas geográficas o necesidades.

 

Solís es además un gran defensor de un organismo que es un enorme desconocido para el público general: el Comité Consultivo para la Investigación Agrícola Mundial. De él surgen centros como el Cimit de México en los años 50 del siglo pasado y con respaldo de la Fundación Rockfeller, pero también el centro del arroz de Filipinas o el de la papa, en Perú. El especializado en agricultura de sequía, que estaba en Siria, se ha mudado a Marruecos ante la guerra en el país de oriente medio. «Creo que en España, por ejemplo, sí tendría cabida un centro de mejora de variedades de patata», lanza el directivo. Que, terminada la entrevista, vuelve sin dilación a su despacho: «Andamos muy liados, es el momento de formalizar el registro de las nuevas variedades», explica con expresión de satisfacción.